Santiago de noche

Dicen algunas gentes que tras la caída del sol en los profundos abismos allende Finisterre, que tras el repique de la campana grande de la Iglesia del Apóstol a las nueve, dicen, las cenicientas sombras que logran ágiles escapar al canto eléctrico de fanales y farolas, se mueven hacia el cielo donde su azul, envuelto por un manto negro, se derrama todo para jugar a ser espejo vivo, dicen, de todos los espíritus escondidos en la cara de las piedras.

Dicen algunas gentes que esto ocurre sólo en invierno, aquellos días, cuando la camelia puede ver reflejado su rostro en el suelo.

(Texto: Johan F. de Castro)

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